Entrevista

Rius

Maestro de la sátira, el humor y la rebeldía

Agosto de 2015

Por: 
De la Redacción

No hay signo más claro de la inteligencia que el sentido del humor. La realidad está llena de ironía y quien puede reconocer eso, es capaz de reírse de ella. La rebeldía frente a lo consagrado, frente a los prejuicios, frente al dinero, frente al poder, se vuelve algo gozoso cuando se asume con irreverencia. Eduardo del Rio, mejor conocido como “Rius”, es uno de los mayores referentes de la rebeldía y el humor gráfico de nuestro país. Pocos intelectuales han podido hacer del aprendizaje un acto tan placentero para sus lectores como lo ha hecho Rius, conectando los grandes temas de la cultura universal con sus propios intereses vitales, que a su vez, son (o debieran ser) los intereses vitales de todo un país. Su obra, un trabajo excepcionalmente exitoso de divulgación cultural, ha modificado y ensanchado la conciencia del público.

–Se dice que la labor de promoción a la lectura que ha hecho Rius entre los mexicanos –dice el director general de Museos y Exposiciones de la Secretaría de Cultura, José Valtierra, mientras conduce la primera visita guiada por la exposición “Rius para principiantes” en el Centro Cultural Jardín Borda–, es mayor que la que se ha conseguido con los programas implementados por la Secretaría de Educación Pública (SEP).

–Deberían darle mis libros también a los presidentes, para que se enteren. —Interviene Rius, al lado de José Valtierra, encabezando el enorme grupo de personas que ahora responde con carcajadas al unísono, acompañándolo por los pasillos de la Sección Juárez.

La exposición “Rius para principiantes” se inauguró el sábado 11 de julio en el Centro Cultural Jardín Borda, proveniente del Museo del Estanquillo del Distrito Federal, una muestra curada por el monero Rafael Barajas “El Fisgón”, que reúne documentos esenciales para conocer, a grandes rasgos, la dificultosa pero prolífica trayectoria de uno de los grandes maestros mexicanos de la sátira y la resistencia. Al término de la visita guiada, Rius se sentó en una banca, delante de una reproducción casi de tamaño real, en la que aparece él, autorretratado, escribiendo en su escritorio de espaldas a nosotros mientras con su respectivo globo de diálogo nos dice: “Si queremos cambiar el mundo, debemos cambiar primero nosotros”. Toda una legión de cámaras, micrófonos y seguidores boquiabiertos y encantados lo rodeó para aprovechar la oportunidad de hacerle algunas preguntas.

–Después de haber escrito tantos libros sobre tantos temas tan diversos, creo que quizá usted podría aventurar alguna definición del carácter nacional, ¿qué es lo que nos define como mexicanos?

–¡Ah, caray! ¡No esperaba preguntas tan capciosas! (risas) Pues el carácter el mexicano reúne yo creo que todas las virtudes y todos los defectos del mundo. Pero creo que hay más defectos en el mexicano, que virtudes: somos un desmadre, somos muy impuntuales, somos muy irresponsables, somos todo, pues. Pero es cosa con la que ya nacimos y no lo podemos evitar. Somos como somos.

–Creo que toda su producción va apuntada a cambiar ese aspecto de nosotros, a enseñar al menos un panorama más extenso de nuestros problemas principales. ¿Usted cree que su obra ha dado ya todo lo que puede dar? ¿Cuáles son sus expectativas hacia ella?.

–Ya estoy en los ochenta y un años y todavía, más o menos, logro hacer algo de trabajo, pero ya no es lo mismo. Yo siento que ya voy de bajada, que ya voy de salida y… ¿cuál era la pregunta, eh? (risas).

–¿Cuáles son sus expectativas hacia su obra? Es evidente que tiene mucho futuro, que continúa vigente…

–Yo espero trabajar lo menos posible. Ya he trabajado sesenta años de mi vida, que son un chingo de años, la mera verdad. Y veo con tristeza que los resultados de mi trabajo en cuanto a tratar de cambiar este país han sido pésimos, porque cada vez estamos peor, cada vez tenemos presidentes peores. Si hiciéramos una encuesta a ver cuál es el peor presidente que hemos tenido, digamos de 1940 para acá, ¡sería un competencia pero durísima! (risas) ¿Ustedes por quién votarían?

–¡Díaz Ordaz!

–¡Echeverría!

–¡López Portillo!

–¡Peña Nieto!

–¡No hay a quién irle! Estamos ya pisando terrenos medio peligrosos... Otra pregunta más suavecita, ¿no? (risas).

–Usted toca temas muy delicados, pero el hecho de que se aborden con humor los hace mucho más accesibles, ¿tiene alguna definición del humor?

–El humor para mí es… como dice la canción: “El humor es el pan de la vida”. La canción dice “el amor”, pero… el humor para mí es el amor. Yo estoy enamorado de mi profesión y el humor ha sido mi vida. Sin él yo estaría jodido, más de lo que estamos ya todos. Siento que el humor es algo que nos puede ayudar en la vida más que otras cosas. Hay que ver las cosas con humor, aunque alrededor nuestro todo se esté cayendo en pedazos. Es lo que me ha salvado a mí de suicidarme, el humor me ha salvado de eso, de la depresión”.

–Acerca de la exposición: ¿Hay alguna sección que aprecie por encima de otra? ¿Cuál es su parte favorita del montaje?.

–Pues no sé, todas me gustan porque todas son mis hijos. Todos los dibujos que hay aquí son productos de mi inspiración cuando llegó el tiempo, o de mi necesidad de trabajar. Yo las recomiendo todas (ríe), pero eso ya lo dejo yo a criterio, cada cliente agarra lo que quiere de los cartones y rechaza lo que no quiere. No se puede decir que toda mi obra sea perfecta, no pretendería yo ni mucho menos pensar eso. El trabajo de la caricatura depende mucho del estado de ánimo del que lo está haciendo. Y a la gente se le olvida eso, cree que porque somos caricaturistas no somos ciudadanos mexicanos. Y a mí deveras me purga tener esta clase de gobiernos que nos han tocado en los últimos veinte, treinta, cuarenta, sesenta años, no nos ha tocado un presidente que podamos calificar de buen presidente, fuera del general Cárdenas, el resto deveras está para colección de engendros, rateros, ineptos... de todo nos ha tocado por agachados”.

–¿Hay algún personaje que se haya quedado en el tintero o que esté por desarrollar?

–No. Yo tuve la suerte de que mi trabajo en los últimos años, en los últimos, digamos… cincuenta años, lo he hecho en publicaciones en donde no tengo censura. Yo soy, como quien dice, el editor y el director y el que barre de mi trabajo, entonces no he tenido que sufrir la censura, como ocurre con otros que trabajan en periódicos donde no les dejan decir. Entonces yo creo que no dejé nada qué decir. Cuando yo empecé a trabajar me decían que había tres temas tabús que no se podían tocar: uno era el Presidente de la República, y yo me cansaba de hacerles caricaturas a los presidentes (risas). Y afortunadamente ahora muchos caricaturistas lo hacen también. Yo fui el primero que hizo una caricatura fuerte contra Díaz Ordaz, y se la cobraron muy feo conmigo. El otro tabú era el ejército. El ejército todavía más o menos sigue siendo intocable, en este país es difícil meterse con el ejército porque ya sabemos cómo responden (ríe). Y el otro tabú era la Virgen de Guadalupe, y ahí para mí ya dejó de ser tabú, porque tengo un libro contra quienes inventaron a la Virgen de Guadalupe. Se los recomiendo para que no sigan yendo a la villa (risas)”.

–¿Y actualmente de qué es de lo que se tiene que hablar? ¿Cuál es el problema que aqueja a México de la forma más fuerte?.

–Híjole, pues ahorita sería más fácil descubrir cuál problema no tiene México (risas). Yo creo que tenemos todos los problemas encima. Somos un país con treinta millones de analfabetos, un país con más de cincuenta millones de pobres, un país donde no hay democracia, donde no hay justicia, donde la educación es pésima, donde los funcionarios cada vez funcionan menos. Tenemos una serie de problemas, que yo no sé deveras por dónde podemos empezar para tratar de mejorar este país”.

–¿Para usted cuál es el más difícil? ¿Cuál es el que más le duele?

–La corrupción, yo creo. De la corrupción se derivan muchos otros problemas que no han podido todavía solucionarse. Y me da una risa, así de mucho coraje, que cada presidente dice que va a combatir la corrupción, ¿pero qué gente más corrupta que los presidentes? ¿Van a prenteder que el PRI nos saque de la corrupción? (risas) Así están las cosas. Bueno, ya me estoy metiendo en demasiados problemas aquí, ¿dónde está el agente de gobernación? (risas)”.

–¿Cómo ve la situación de la caricatura política actual? ¿Cree que haga falta crítica? ¿Hay algún tema tabú?

–Uno de los problemas de los caricaturistas es que no siempre cuentan con editores que estén preparados para este trabajo de editor o de director de un periódico, y el caricaturista está sometido siempre al buen o mal gusto del director y a los intereses que los directores están defendiendo, entonces nos ven como una amenaza a sus ingresos, porque estamos acostumbrados a criticar a los que se anuncian en el periódico, como es el gobierno y las empresas, entonces es difícil para un caricaturista decir lo que quisiera decir, mientras no logre estar en un medio independiente y libre, es difícil.

–¿Sí lo hay?.

–Sí lo hay, sí lo hay. Afortunadamente ya hay varios, muy pocos, periódicos y revistas que ejercen realmente la libertad de prensa, que la toman en cuenta, que la practican. A pesar pues de que el gobierno no respeta la libertad de expresión”.

–¿El mundo se está volviendo más absurdo o siempre ha sido así?

–Pues mira… lee la biblia y te vas a enterar (risas)… de lo que es absurdo… No, el mundo nunca va a cambiar, mano. Por eso no mejora nada, porque está formado por seres humanos. Estamos llenos de defectos y de problemas. Por eso no ha triunfado nunca el socialismo. Ninguna revolución ha triunfado todavía. Revolución, ¿eh? No guerra civil (ríe).

Después de esa última pregunta, nos dijo que el próximo miércoles 5 de agosto dará una conferencia en la Sala Manuel M. Ponce del Centro Cultural Jardín Borda a las 16:00 horas:

“Si son tan masoquistas como para venir a escucharme decir tonterías, están todos invitados” (risas).

La exposición “Rius para Principiantes” permanecerá en la Sección Juárez del Centro Cultural Jardín Borda, abierta de martes a domingo, hasta el próximo mes de septiembre.