Entrevista

Larisa Escobedo

La iluminación de Buda se da a partir del cuerpo, de la encarnación, de lo carnal: Larisa Escobedo

Mayo de 2017

Por: 
La Redacción

Larisa Escobedo no es morelense, aunque radica en Morelos desde muy joven, estudió muy joven en el Centro Morelense de las Artes (CMA) y después en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Morelos (UAEM), lo que le permirió conocer las dos instituciones y reconocerse en la primer generación académica de artistas formados en Morelos, por lo que afirma: “Antes los artistas que había en Morelos eran migrantes, fuimos la primera generación formada aquí, con gente como: Miguel Madrigal o Ricardo Alonso que son gente que ha seguido produciendo”. Su producción ha estado enfocada fundamentalmente a revisar poéticas o políticas del cuerpo, su producción ha ido desde el dibujo, desde el dibujo más tradicional, hasta el video y la instalación. En el arte público es el lugar donde más se ha sentido más cómoda. Considera que su trabajo no se acota a una disciplina y sí en piezas multidisciplinarias, lo que le ha permitido a ella y a artistas de su generación, generar un interesante entorno de discusión con una íntima relación con las nuevas generaciones de artistas, por adoptar de manera profesional su quehacer artístico, e incluso también dedicandose a la docencia.

Actualmente Larisa Escobedo presenta en el Espacio de Experimentación Borda, una réplica de una escultura tradicional del Buda Tibetano en mármol y cemento que ha sido reintervenida y reinterpretada por ella, en la exposición "Ensayo para una encarnación. Larisa Escobedo". En entrevista para la cartelera.morelos.gob.mx nos platica sobre su quehacer artístico y sobre su última exposición.

–¿Cómo concibes la consolidación de proyectos como el CMA o la Facultad de Artes?, en los cuales estuviste como estudiante y ahora como docente.

–Ha resultado muy interesante, porque conozco la institución desde el lugar de estudiante, desde el lugar además más carente, ambas instituciones eran muy precarias cuando estudie ahí, y a pesar de que fueran muy precarias, fueron instituciones muy amorosas en términos de que los profesores de verdad hacían un esfuerzo sobre humano para que las escuelas funcionaran. Ahora no es así, ahora las escuelas son instituciones consolidadas, como dices, y es interesante regresar desde la academia a tratar de hacer vínculos que tengan esa misma generosidad y esa condición afectiva que nosotros recibimos, pero con las ventajas de tener instalaciones adecuadas, con material y equipo apropiado.

Para mí ha resultado, muy estimulante ser maestra, quizá, es lo único que me gusta tanto como ser artista, el dialogo con la institución es muy interesante, porque se trata por un lado formar ciertas condiciones que van acorde con lo que requiere la Secretaría de Educación Pública (SEP) o lo que requiere un programa de estudios más o menos estructurado, y por otro lado tener espacios de libertad, de creatividad o de imaginación pedagógica, que generen más que sólo artistas, si formar personas que amen la creatividad, que tengan vidas desafiantes, que tengan vidas plenas, hacía allá es hacia donde llevo mi pedagogía.

–¿Qué cambios generacionales percibes entre la generación de la que formaste parte, hace más de 20 años, a la actual, en esta generación millennial?

–Diferencias en unos sentidos abismales y por otro lado hay cercanías muy profundas, las diferencias claras, pues son el increíble acceso al conocimiento, son una generación con una capacidad de absorber conocimiento inusitada en la humanidad, no con relación en mi generación, sino en la humanidad, la cantidad de conocimiento que está absorbiendo alguien que está viviendo en la biblioteca, porque lo que ha ocurrido, lo que es internet, es una biblioteca que nos ha envuelto a todos.

Ellos nacieron en la biblioteca y eso les permite moverse con una soltura y una naturalidad en el conocimiento muy interesante, por otro lado, desde mi perspectiva, son un poco más perezosos, en relación a la búsqueda de este conocimiento, como este conocimiento les arropa a veces sólo es una generación que disfruta simplemente lo que llega y no hace una búsqueda, para nosotros, la búsqueda era muy importante, porque, eran situaciones más precarias culturalmente hablando, en un lugar de provincia que aunque era cercano a Ciudad de México culturalmente si estaba en una situación de precariedad.

Existe una pasión absoluta por la música, por el cine, por la creatividad, nunca en la humanidad había habido tantos artistas, como los hay ahora, nuestra ciudad se convirtió de una cuidad culturalmente precaria a una ciudad con una intensidad cultural muy valiosa. Me preguntó alguien hace poco: “¿Para vivir en Cuerna hay que ser artista?” y contesté: “Creo que sí”, existen cercanías de tratar de hacer de esta una ciudad con una identidad, vinculada a las cosas bellísimas que tenemos, como es este contacto con las plantas cotidiano y maravilloso que hay en Cuernavaca, este contacto con el agua, estar siempre nadando, este contacto con el agua que nos refresca y nos hace que la cuidad sea maravillosa, y bueno, por otro lado, también una necesidad de consolidar una sociedad más afectuosa, más cariñosa, es decir, donde estos escenarios violentos a los que México tuvo que pasar los últimos 10 años, bueno, como los vamos a reconfigurar para retransformarnos en lo que realmente somos, que son personas cariñosas y buenas personas.

–Tienes un ritmo constante de trabajo.

–Sí, las últimas piezas importantes, han sido piezas instalatorias. En 2014, tuve el Premio de Adquisición del Bienal de Yucatán, el Bienal Nacional de Artes Visuales, donde presenté una instalación sobre la idea de tren, cómo el tren es un símbolo de la modernidad y con ello de la idea de progreso que tenía la modernidad y como esa misma máquina fue usada para episodios de muerte. La instalación hacia un dialogo entre los trenes que llegaban a Auschwitz o los trenes que transportaron a la nación Yaqui a Mérida, o el tren que cruza todos los días México para llevar gente de Chiapas, a Tapachula, hacia Ciudad Juárez en “La Bestia”.

Mi trabajo siempre tiene que ver con poéticas o políticas del cuerpo, me interesa mucho como el cuerpo es transformado a partir de la política.

Otra instalación reciente, fue una que se presentó en el Museo de la Ciudad de Cuernavaca (MuCiC), una pieza que se llamaba “Apátridas”, también relativa a asuntos migratorios y fronterizos, era una suástica hecha de puntas de metal, que flotaba en la galería, y habían unas luces que hacían que esas puntas parecieran en las sombras un paisaje de magueyes. Entonces, cuando el espectador entraba lo primero que veía era las sombras y así, como si fuera la caverna de Platón se imaginaba pues este paisaje bellísimo mexicano que pues todos amamos, este paisaje de magueyes y de agaves y pronto se daban cuenta que era una suástica nazi relativa a los asuntos fronterizos, también tenía algunos textos con relación a una de las políticas más violetas que hacen las fronteras, es quitarle la ciudadanía y los derechos legales a la gente, tal cual lo hicieron los nazis con el pueblo judío o con el pueblo gitano, y como lo hacen pues las políticas migratorias norteamericanas, con los distintos tipos de migrantes, no sólo los mexicanos, sino todos los latinoamericanos o las comunidades islámicas o asiáticas, que viven allí, y que están fuera de la idea de ciudadanía.

Una última pieza que presenté recientemente fue en el contexto de la marcha LGBT, me interesaba hacer otra pieza sobre políticas del cuerpo, acerca de preguntarnos dónde están los límites entre lo femenino y lo masculino. Presenté un texto en sombras, que decía “Disculpe, ¿es usted hombre o mujer?”, que es una pregunta muy simple, pero que si te la preguntan de frente puede ser muy violenta. Y una serie de instalaciones de cráneos, me interesaba como aquello más que como un referente a la muerte, como aquello que no tiene género y que es una caja preciosa de este universo increíble que es el cerebro, y, donde ahí no hay género, no hay límites, entre límites raciales o limites socioeconómicos, al final de cuentas todos y cada uno de los cerebros humanos son potencias vitales increíbles.

–¿Cómo fue el proceso de esta tu reciente exposición en el Espacio de Experimentación Borda?

–“Ensayo para una encarnación” es una pieza de escultura en donde hice una intervención, es un Buda que mandé a hacer en un taller de escultores. Todos conocemos estos budas que son una fuente, solamente pedí que la carga, en lugar de que fuera sólo de cemento, fuera sobre todo en mármol, entonces una carga de cemento con mucho cero fino, para que sea más marmolea, y después retalle, es decir, entre con cincel y marro a retransformar la pieza, a retransformar esa idea, la imagen de Buda. Es una imagen globalizada, es una imagen absolutamente frivolizada por una especie de espiritualidad new age, me parece muy básica y bueno, el retomar esa imagen y transformarla, en la transformación aparecen muchos tumores, granos, encarnaciones y amígdalas, algunas partes del cuerpo se vuelven partes marinas, bacteriales o virales, me interesaba mucho esta idea del budismo, de la encarnación como una especie de castigo.

El fin de Buda es la muerte, es una religión muy particular, porque, es una religión que no promete la vida eterna sino promete la muerte final, es decir, salir de este samsara, me interesaba mucho cómo la iluminación de Buda se da a partir del cuerpo, de la encarnación, de lo carnal. Mi trabajo quiere revelar esta corporalidad de Dios o de lo divino, esta corporalidad que es una corporalidad no sólo que queda en la piel, sino que es una acumulación de todos esos adentros que tenemos y que bueno son negaciones casi del cuerpo.

–¿Qué opinas que el Centro Cultural Jardín Borda albergue tres exposiciones, de tres mujeres, de tres generaciones distintas?

–Me parece importantísimo y muy emocionante, Magali Lara, es una artista brillante, mi profesora, pero no sólo mi profesora, profesora de todas las generaciones de arte contemporáneo que se han formado en Morelos, es una artista muy generosa, cuyo trabajo ha impactado la sensibilidad del lugar, me interesa mucho además como ella ha trabajado mucho a partir del cuerpo y desde el lugar de las plantas. Minerva Ayón es maravillosa, es una artista con potencias eróticas. Para mí es un gran placer exponer junto a ellas.

No podemos dejar de lado cuando pensamos que tres artistas mujeres van a exponer en el Borda por un lado, es algo que me emociona mucho, pero, por otro lado, es un poco triste el pensar que cuando exponen tres varones nadie piensa en género, se da por hecho que es pues lo natural, creo que faltan muchos más ejercicios de estos, creo que es la primera vez que hay tres exposiciones de mujeres, o por lo menos recientemente y ojalá que se una ejercicio que el Borda retome con mayor frecuencia, estoy muy contenta de que haya visiones de género, en la Secretaría de Cultura de Morelos y que esas visiones de género sean cada vez pues más potenciadas.

–¿Algo más que desees agregar?

–Invitarlos a la exposición, es una pieza muy bella la que presentó, es una pieza que tomó mucho sentido emocional, porque, pues es difícil intervenir a dios o a la idea de lo divino. Y ojalá que lo disfruten como yo lo disfruté.

 

La exposición "Ensayo para una encarnación. Larisa Escobedo" en el Espacio de Experimentación Borda, presenta una réplica de una escultura tradicional del Buda Tibetano en mármol y cemento que ha sido reintervenida y reinterpretada por Larisa Escobedo para revelar la corporalidad del ícono. Bajo la piel de una imagen globalizada que se ha convertido en una efigie de la espiritualidad “light”, habitan órganos y tumores, amígdalas, arterias y hormonas. En la versión de Escobedo, Buda recupera su corporalidad y alcanza la iluminación a través del cuerpo y no a pesar de él. Su existencia es una encarnación, como las espinas que se encarnan, la carne es carne otra vez, y su realización implica el esfuerzo físico de la talla: cincelar, taladrar y esmerilar una imagen sagrada para revelar no su condición divina, ni humana, sino de colección de órganos encarnados.

"Ensayo para una encarnación. Larisa Escobedo" y otras dos exposiciones ("Intimidad del Jardín. Magali Lara. Pinturas 1985-2016" y "La Diosa Rabiosa. Minerva Ayón") se encuentran en exhibición desde el pasado sábado 6 de mayo en las instalaciones del Centro Cultural Jardín Borda, ubicado en la avenida Morelos #271, en el Centro Histórico de Cuernavaca, y se encuentra abierto al público de martes a domingo de 10:00 a 17:00 hrs., la entrada general es de $30.00 pesos, descuentos del 50% a estudiantes y adultos mayores, entrada gratuita al público que muestre una identificación de residencia en el estado de Morelos, domingos entrada gratuita.