Entrevista

Javier de la Garza

Exposición: “Epifanías”

Diciembre de 2017

Por: 
De la redacción

Como un gran homenaje a la figura y producción del pintor Javier de la Garza, la Secretaría de Cultura de Morelos, inauguró el pasado mes de noviembre –sábado 18– la exposición "Epifanías. Javier de la Garza", con obras que reúnen cerca de 30 años de trabajo de este gran artista que radica desde hace muchos años en el municipio de Yautepec. En entrevista para la Cartelera Cultural, el maestro Javier de la Garza, nos comparte su devenir artístico, de su residencia en Yautepec, del proceso de creación de su más reciente exposición y también del papel del Centro Morelense de las Artes como forjador de jóvenes y talentosos artistas.

El pintor Javier de la Garza nació en Tampico, lugar en donde nunca vivió, toda su infancia la desarrolló en el pueblo de Tulancingo, Hidalgo, de ahí, se muda a Monterrey y ahí creció y aprendió a vivir, a los 20 años cambia de residencia a la Ciudad de México y de ahí a todos lados.

–¿Cómo se inicia en este camino en el arte, de la pintura?

–Mi madre es pintora, crecí rodeado de pinturas, de libros, a mi madre lo único que le interesó era que sus seis hijos fueran artistas. Ella no tuvo apoyo, compró un piano, daba clases de canto y pintura, así crecí, viendo pintura y pintando. Siempre pinté y nunca fui a la escuela de arte hasta que estudié arquitectura en Monterrey, porque no había ninguna otra cosa que se acercara a algo cultural, en el séptimo semestre descubrí la academia de San Carlos, en México, y dije: “De aquí soy”, y mandé a la goma la arquitectura y me metí a San Carlos.

Estaba en huelga la universidad, nunca pude inscribirme y lo que hice fue pedirle permiso a los maestros de entrar, y entré a un taller de grabado y a otro de cerámica. Y así pasaron un año, dos años, después de ahí me fui a Europa y allá estuve unos años y, de París tomé vuelo directo a Yautepec y, desde entonces, estoy acá.

–¿Cómo es que llega a su casa estudio en Yautepec? Un lugar histórico en donde se instauró por primera vez el Congreso del Estado de Morelos, una tierra que ha dado también muchos artistas.

–Venía los inviernos, porque no soporto el frío, y París particularmente es espantoso en los inviernos, seis meses en donde no ves el sol, entonces, ahí es donde uno descubre la necesidad de sol que tenemos y, sobre todo, los mexicanos que vivimos en el sol todo el año. Alguien me propuso su casa porque yo venía todos los inviernos y me la pasaba aquí 3 ó 4 meses y me regresaba, entonces, me citaba en un lugar en donde trabajar y una amiga me propuso su casa en Yautepec y descubrí lo que era eso, trabajaba en un jardín maravilloso y en el invierno divino, descubrí el mejor clima del mundo, verdaderamente un paraíso y decidí quedarme ahí cuando me saturé de vivir entre franceses, dije: “Sin dudarlo”. Me vine directo.

–¿Cuál fue el proceso de esta magna exposición de “Epifanías”?.

–Aquí son 30 años de trabajo prácticamente, los que yo tengo acá en Morelos y muchas de las piezas son hechas en París. Todos los indios fueron hechos en París también. Y, después de esa exposición que fue en el 87, es cuando decido regresar a México, porque Europa es muy complicado para que alguien voltee a verte, entonces, aquí en México se empezaron a mover las cosas, es mucho más fácil. Y me fue muy bien afortunadamente y decidí quedarme.

–¿A qué le evoca el título de “Epifanías”?

–Me llegan así como las iluminaciones, buscando un título, de repente, me aparece eso, entonces, la repito y la repito, voy a internet para investigar qué quiere decir exactamente y, pues, son iluminaciones. Exactamente son apariciones, celebraciones, pues tiene todo que ver con mi trabajo, entonces, se lo propuse al curador y me dijo: “Ahí está”.

–¿Existe algún tipo de nostalgia de los indios que pintó en el extranjero?

–Por supuesto. En ese momento, lo que me importaba era crearme una idea de qué éramos, qué somos. Políticamente, no teníamos ninguna cultura, en los ochenta es cuando empiezan a tener una conciencia y una participación los mexicanos, porque antes era PRI y punto, pero, a partir de que Salinas de Gortari se roba el poder, pues, ahí empieza a cuestionar ciertas cosas. Empiezo a preguntarme ¿De qué estamos hechos?, ¿Qué somos?, ¿Qué quiere decir ser mexicano? Y al final de cuentas, te das cuenta de que la historia la inventas y la puedes re-escribir, me puse a leer, a investigar, a informarme y decidí hacer mi propia historia, con mis héroes nacionales, los más así papasotes, dije vamos.

De hecho, esa idea de esa exposición de la OMR, que fue la primera, surgió de esta idea de construir los mitos/héroes nacionales, junto con Olivier Debroise, estábamos en una fiesta y empezamos a pensar quién podría ser, Hugo Sánchez, nuestros héroes actuales y, entonces, como regresaba a París, fui a comprar las monografías de éstas que venden en las papelerías donde uno aprende la historia y eran tan chistosas que dije: “Ok, yo hago mi historia”. Y ahí está.

–¿Cómo percibe a la Secretaría de Cultura de Morelos al impulsar este tipo de exposiciones con instalaciones adecuadas, y por otro lado, el papel del Centro Morelense de las Artes (CMA) como semillero de artistas?

–Creo que lo mejor que ha pasado aquí es la llegada de Cristina Faesler, como secretaria de Cultura, porque una vez más regresa una idea bien precisa que empezó Mercedes Iturbe, por ejemplo, pero después se perdió. Ese es el problema que siento que puede pasar de regreso, porque vuelven otra vez las tribus a apoderarse. Lo que ha generado el CMA, que es la única escuela de arte que ha generado artistas, tenemos muchos ejemplos de jóvenes que han surgido y que están trabajando y que están empezando a proyectarse, cosa que no pasa en otros lugares. En la UAEM por ejemplo, es prácticamente desconocido, es otra cosa, sí es como un semillero el CMA. Con Gustavo Pérez ha sido también una dirección, ya no está desafortunadamente, pero él ha hecho una escuela y estamos viviendo las consecuencias con poco apoyo, pero se hace lo que se puede en este país, la cultura y el dinero de repente falta.

–¿Algo más que desee agregar para concluir esta entrevista?

–Que vengan a ver esta exposición, porque el arte, al final de cuentas, es lo único que nos salva en este mundo actual, necesitamos regenerar nuestras creencias. Y venir a ver cosas que de repente no sabemos para qué sirven, me cuestiono mucho para qué sirve de repente, como está el mundo, como está todo y uno dice: Bueno, al final de cuentas, es una utopía que tenemos que conservar, alimentar y darle balance.

 

En texto de sala, a manera de bienvenida, José Valtierra, director general de Museos y Exposiciones afirma: Uno de los propósitos fundamentales que se ha fijado el actual gobierno del estado de Morelos es el reconocimiento del arte y la cultura morelenses. En materia de artes visuales, la Secretaría de Cultura, a través de la Dirección General de Museos y Exposiciones, se ha dado a la tarea de desarrollar iniciativas que propicien nuevas formas de estudio y valoración en torno a la obra de nuestros creadores y que permitan a las noveles generaciones su conocimiento, apreciación y goce.

El universo artístico de Morelos y de Cuernavaca es un ejemplo nacional de riqueza, colaboración y diversidad. Si ha llegado a serlo, se debe en gran medida al trabajo consciente y continuo de figuras de talento, como Javier de la Garza (Tamaulipas, 1956).

A lo largo de su trayectoria, Javier de la Garza nos ha enseñado, que el arte es un espacio de libertad: libertad para usar todos los recursos de la cultura, para mirar el mundo a la cara y para discutir con él, aprendiendo y enseñando en un proceso continuo. Esta lección, producto a su vez de un aprendizaje artístico incesante, tiene el potencial de modificar profundamente a quien se enfrente a la trayectoria artística que aquí presentamos. Sus piezas ofrecen una manera audaz y profunda de ver la realidad y de vernos a nosotros mismos. Tenerlo en Cuernavaca es un privilegio y nos honra, por ello, presentar esta muestra en el Centro Cultural Jardín Borda curada impecablemente por Erik Castillo, nos brindará un panorama más amplio de su lenguaje artístico y contribuirán a la compresión y recepción de su trabajo.

El curador de la exposición, Erick del Castillo, en texto de la misma exposición asegura: Es un tributo público a la figura y a la producción de Javier de la Garza, artista visual ya histórico y, a la vez, vigente en la escena del arte actual en México. También es un reconocimiento, por iniciativa de la Secretaría de Cultura del Estado de Morelos, a los años de vida y actividad que de la Garza ha desarrollado en la región desde su casa-estudio en Yautepec. El artista, nacido en Tampico, Tamaulipas, es hoy por hoy un integrante destacado de la comunidad artística morelense. No obstante, Javier de la Garza también es un artista cosmopolita e internacionalizado, que se construyó una formación en Europa y cuya obra ha sido difundida, reconocida y valorada en otros países.

Desde una perspectiva histórica, la obra de Javier de la Garza aparece en la época de ascenso mundial de la práctica de la pintura en el sistema del arte contemporáneo, durante los años ochenta. Y, concretamente, la producción consumada del artista coincide con el despliegue local de la tendencia conocida como Neomexicanismo. El término, acuñado a partir de una reflexión de la historiadora Teresa del Conde expresada en 1987, se refiere a la constelación de artistas visuales que incorporaron en su producción diversas referencias identitarias procedentes del imaginario nacional, por motivos postmodernos (parodia, crítica, juego, nostalgia, recreación personal, deconstrucción, reivindicación, activismo, fascinación entre otras razones).

En general, es posible afirmar que dentro de los neomexicanismos –como bien se sugirió la pluralización del término en una exposición de 2011, en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México- hubo un regodeo muy interesante, por parte de los artistas, en el tema del yo. En paralelo a esto, se trató de una tendencia estética que entabló un diálogo desde la pintura, sobre todo, con el legado de prácticas como el performance o arte acción y como el arte objeto o ensamblaje. De ese modo, se hizo visible un tipo de pintura desbordadante de autorreferencias, enfocada en la individualidad del sujeto enfrentado al  espejo,  que dejó  ejemplos magníficos de representaciones visuales que parecen rituales congelados, o dioramas pop-vernáculos protagonizados por sus autores o por proyecciones mentales/ sentimentales de su persona.

Javier de la Garza pertenece a este contexto, aunque la revisión analítica de su trabajo, como advirtió desde muy pronto el historiador Olivier Debroise, quien lo abordó con inteligencia, nos permite caer en cuenta de que el artista contribuyó al Neomexicanismo con una visión afectiva, irónica, única e individual. Es curioso que en el ámbito confesional cristiano, la Epifanía está ligada al tiempo de Adviento, es decir, a la víspera de las fiestas de la Natividad, igual que esta exposición que abre en el inicio del fin de año. La curaduría de la muestra reúne obra del periodo 1983-2017, tres décadas y media de trayectoria creativa de Javier de la Garza, un artista que ha sido testigo de las múltiples epifanías (manifestaciones) de sí mismo.

El Centro Cultural Jardín Borda se encuentra ubicado en la avenida Morelos #271, y se encuentra abierto al público de martes a domingo de 10:00 a 17:00 hrs. Entrada: $30.00 pesos, con descuento del 50% con credencial de estudiantes, Inapam y beca salario. Entrada gratuita a todos los morelenses o residentes en el estado de Morelos, presentando su credencial, los domingos entrada gratuita. Para mayores informes: (777) 318 1050.

Actualmente se exhiben las exposiciones: "Epifanías. Javier de la Garza", "Pablo Vigil. Serpentinata Tremenda" y “Ale de la Puente. Horizontes de los eventos”, además de contar hermosos jardines y fuentes, cuentan también con una librería Educal, así como la Sala Manuel M. Ponce en donde se programan diversas actividades, para mayor información: cartelera.morelos.gob.mx.